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Relato: “Yo no pedí nacer”

Nota de la autora: cuando era niña, mi abuela materna (que no veía bien), me pedía que le escribiese a sus seres queridos de su parte. “Yo no pedí nacer” es lo que me hubiese gustado escribir en nombre de otra sufrida abuela que vivía pendiente del teléfono, y a la que nadie enviaba carta alguna. Aunque ya nadie escribe cartas al uso, cuento con un mar llamado Internet y con este blog que, de cuando en cuando, lanza mensajes en botellas a internautas anónimos que navegan por él. Que los vientos y mareas os lleven a buen puerto.

Desde un lugar del Mediterráneo, 20 de junio de 2016

mensajenbotella

YO NO PEDÍ NACER

No vuelvas la vista atrás, ni pienses en el futuro. Si quieres salir viva del brete existencial en el que te encuentras, tira la toalla, baja la cabeza y entrégate, eso es: con las manos en alto, como lo haría un maleante cualquiera si lo detiene la pasma.

Ya sé que no vas armada con un fusil de asalto como un joven texano, y que tu violencia es sólo un recurso verbal de pacotilla post-adolescente, una toalla empapada en lágrimas de frustración y desencanto.  No pediste nacer, eso ya lo sabemos, también lo dijimos nosotros y eso no nos exculpa de haber destruido (o haber consentido que otros destruyan, que viene a ser lo mismo) todo aquello que deberíamos haber protegido por mera supervivencia, y porque tú no pediste nacer, ni tus hermanos, como tampoco lo harán tus nietos (si es que alguna vez llegas a tenerlos).

Deja atrás la inocencia ensimismada de rimas perfectas o libres versos rebuscados de inspiración foránea. Bienvenida seas pues a la dura realidad: la soledad total (verdadera sal de la vida sobre las heridas abiertas del alma de un poeta). Sí, ya sé que no es plato de buen gusto: la soledad total. Pero en ella habitamos, y en ella habita un ser al que has descuidado con tu imperiosa necesidad de autocomplacencia sentimental: tu abuela. Así es, esa viejita nonagenaria a la que quizá no vuelvas a ver nunca más. Esa viejita que para mí lo es todo y que para ti no es nada. Esa viejita cuyo corazón es la mejor novela jamás escrita y que tú, por tu insensata altivez, jamás leerás.

Algún día, cuando tus desagradecidos hijos o nietos (si es que alguna vez llegas a tenerlos) te digan que no han pedido nacer, cuando ni tu abuela (ni yo) estemos aquí para poder consolarte del inmenso y desgarrador dolor que produce la indiferencia de un ser al que has amado, amas y amarás mientras vivas. Entonces, y sólo entonces, recordarás este momento en que pudiste lanzarte al teléfono o enviar una tímida misiva a una viejita que podría haberlo sido todo para ti, y sin embargo, optaste por torcer el labio superior (como tan bien sabes hacerlo) para murmurar hacia tus adentros: <<que se vayan a la mierda. Yo no pedí nacer>>.

 

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Dicotomía para estos días de lluvia

Como programadora de la televisión pública que fuiste, en otro tiempo y lugar, echas de menos esos contenidos que una vez formaron parte de nuestra propia televisión a la carta. Una caja nada tonta, repleta de programas estupendos seleccionados para aportar a la audiencia mucho más que mero entretenimiento. Situarte en el tiempo te abruma, y volver a Latinoamérica, aunque sea por un instante, hace que la cuarta parte de tu composición genética, es decir: tu lado gallego, se ponga a soplar la gaita de la morriña que tanto saca de onda al resto del personaje de carne y hueso que ahora represento en este plano, y que es, básicamente, mediterráneo, es decir: pues eso, creo ya nos vamos entendiendo.
Sirva esta dicotómica presentación para compartir contigo (y con ustedes/vosotros) algunos contenidos culturales que he tenido la suerte de revisar durante estas últimas semanas. No son nuevos, llevan un buen rato circulando por estos mundos, pero yo me he topado, o reencontrado con ellos, durante estos pasados días de lluvia en Madrid. Son tres, como debe ser: una película documental, una serie de televisión y un libro.
postersugarman
Searching for Sugar Man es la película documental. Me quedé sin verla en la gran pantalla en su momento (lástima), así que para resarcir mi falta, la he visto 2 veces seguidas en DVD. Con eso lo digo todo, o no digo nada, para qué… Verla si tenéis ocasión.

sampedro

Imprescindibles dedicado a José Luis Sampedro
Imprescindibles es una serie de tv de La 2 que merece la pena revisar. Se pueden seleccionar sus episodios a la carta. Aquí os paso el programa dedicado a José Luis Sampedro que he vuelto a ver estos días y que sigue vigente en mi memoria.
libroSPàmies
Y por último, os hablaré de un escritor catalán nacido en París, Sergi Pàmies. Rara es la vez que los entresijos de la narrativa conectan con mi radar de la complicidad. Pero me hablaron de él como de alguien que podría interesarme como lectora y, tengo que admitir, que así ha sido. Leí de un tirón el libro de relatos “La bicicleta estática”, y ahora vuelvo a hacer lo mismo con “Canciones de amor y de lluvia”.
Y sí, qué daño hace la lluvia cuando uno está compuesto, mayoritariamente, de genes que adoran el sol.

A ver qué pasa


Perdidos en traducciones

Aquellos que viven de la palabra me recuerdan que en el colegio estudiaba latín, por lo que debería traducir “cogito, ergo sum” por “pienso, luego existo”.
Yo que vivo en la palabra, les indico que también estudiaba francés, y que la locución latina es una interpretación del “je pense, donc je suis” de René Descartes.
 Meditationes
“¿Crees en la existencia desligada del pensamiento?”, me pregunta un contertuliano que vive holgadamente del manejo de las palabras.
“Creo, luego… insisto”, le contesto.
“Creencia versus creatividad”, matiza otra contertuliana, estrechando la brecha que separa nuestras posturas con un leve gesto que no logra transmutar en sonrisa.
Admito estar perdida en traducciones, pero hoy en día puedes contar con ayudantes virtuales en la red que, probablemente, atiendan tus necesidades y te ofrezcan una interpretación literal.
Así que sugiero que busquen en esas tabletas móviles interconectadas que todos llevan consigo y… voilà!
Ya que no dispongo de ese tipo de herramientas portátiles tan sofisticadas, espero pacientemente hasta que otro de los contertulianos aporta la siguiente propuesta alternativa al “pienso, luego existo”, que en “francés internauta” traducen por: “je pense, tout de suite existe”.
¡Y ahora sí que la hemos liado! El gallinero cartesiano rechaza de plano la incorrecta traducción para internautas, y opina esto, y aquello, y lo de más allá, sobre el pensamiento y la existencia.
Creo que no debería asistir a tertulias literarias, y mucho menos, filosóficas. No tengo madera de gallo de pelea para discutir con los apabullantes pensadores de salón. Sus mentes parecen estar sintonizadas en una frecuencia de onda tan ruidosa que apenas escuchan lo que los demás quieren transmitir.
Este juego del intelecto, tan alejado del verdadero diálogo, al que ellos llaman conversar, consiste en imponer un discurso brillante y contundente. También habría que señalar la importancia de arrancar con una postura bien definida desde el comienzo. El argumentar con soltura y frenar en todo momento los avances del oponente-interlocutor, son características igualmente valoradas, junto al punzante sarcasmo y la soberbia ironía.
La vida, mientras tanto, transcurre más adentro, donde yo me encuentro preguntándome: <<¿qué demonios hago aquí? Tal vez, la sensación de no encajar, proceda del hecho de existir sin necesidad de pensar>>.
“¿Y si no piensas, sobre qué escribes?”, me increpa un joven escritor, traduciendo a su manera mi prolongado silencio.
Soy incapaz de articular una respuesta cuando alguien, que necesita imperiosamente destacarse, se abalanza hacia mí con la fiereza de una bestia acorralada.
De ser una auténtica tertuliana, dispararía a matar. Otra opción más civilizada sería disparar al aire con un simple: <<No he dicho que no piense, más bien, que no pienso cuando escribo>>.
Pero como no tengo ni la más remota idea de cómo sujetar un arma, me levanto, recojo mis cosas y, caminando hacia la puerta, me giro hacia los tertulianos y les digo lo primero que se me pasa por la mente (sin pensar):
“Sólo sé lo que escribo, y creo lo que soy”.

Inquietantes anuncios

Llevo un tiempo sin prestar la atención debida a esta bitácora por motivos que sabréis comprender: estoy en plena actividad creadora.
Hoy, tras recibir un mensaje sobre uno de los relatos que publiqué hace más de un año, he visto que la plataforma de wordpress incluye anuncios que yo no puedo ver.

anuncio antiguo de mantequilla

Anuncios de este estilo, imagino yo.

Como, tras la publicación de un escrito, no leo mi propio blog, no me había percatado de que los lectores (es decir: vosotros), encontráis publicidad de todo tipo en la parte inferior de la pantalla.
Esto es lo que yo puedo leer, aunque no veo el contenido del anuncio en cuestión:
Acerca de estos anuncios
En ocasiones, algunos de tus visitantes pueden ver aquí un anuncio.
Quiero saber más | Ignorar este mensaje
He decidido no ignorar el mensaje y saber más acerca de esta actividad furtiva e inquietante. Inquietante, porque los anuncios, aparentemente, sólo se ven “en ocasiones”. ¿En qué ocasiones? ¿Quién decide qué escrito debe ir acompañado de información sobre una eficaz dieta de adelgazamiento, un potente quitamanchas o un seguro de coche a todo riesgo?
Bien, tras indagar un poco más, he averiguado que mantener un blog en la red le cuesta un dinero a la plataforma, y que si no quiero que “mis lectores y lectoras” vean estos anuncios, tengo que pagar una cuota anual.
Mal asunto “mis sufridos lectores y lectoras”. Lamento las molestias que esto pueda causaros pero estoy sin blanca.
Desearía evitaros los inoportunos (incluso irritantes) señuelos publicitarios pero los creadores independientes ofrecemos la mayor parte de nuestro trabajo sin recibir dinero a cambio. Y lo hacemos, porque consideramos que, ante todo, estamos compartiendo algo genuino cuya finalidad es la de conectar, por méritos propios, con un segmento de la población. El que un buen día, tanto a la obra como al artista, les llegue “su momento”, y puedan vivir de sus “producciones” sin necesidad de realizar otro tipo de trabajo, casi siempre ingrato y mal remunerado, es más bien una cuestión de suerte.
Hasta los proyectos más comerciales, pese a tener todo a su favor para “vencer” la resistencia de los “compradores”, requieren de una masa crítica para “convencer”. Y en nuestro caso: el de los “creadores marginales” (porque eso es lo que somos, al divulgar nuestras obras fuera del circuito e influencia de las grandes editoriales), aún más.
Es por ello que necesitamos “vuestra voz”, es decir: que corráis la voz para que se produzca el tan deseado “boca a boca”. Ese pequeño milagro del que tanto se habla en las redes y que un buen día propicia que una determinada creación tuya llegue hasta la persona adecuada, el lugar indicado, en el instante preciso.
Dicho esto, abogo por vuestra comprensión esperando que evitéis todo contacto visual con cualquier anuncio que aparezca en esta humilde bitácora.
La publicidad forma parte de nuestras vidas, y al igual que el ruido de fondo de la gran ciudad o de tu propia mente, puedes apagarlo. Sólo tienes que dejarte llevar (sin miedo) por estas líneas que comparto contigo, aquí y ahora.
No te precipites hacia la conclusión de la historia donde, en vez de encontrar la palabra fin, te puedes topar con un anuncio de sopa instantánea o de teléfonos “inteligentes”. Disfruta de la lectura, y en cuanto llegue el punto final, quédate con la energía de las palabras.
Todo lo demás, tal y como os decía en el último escrito que colgué en esta bitácora: sobra.

obraSobra

No hay obras pequeñas. Un libro es bueno, muy bueno, o una obra maestra. Todo lo demás, sobra. 

A propósito de Llewyn Davis

Vivimos atrapados en diversos mundos paralelos que a veces, cuando convergen, producen una sensación de desasosiego difícil de aplacar.
Los mundos a los que me refiero son básicamente dos: el de la aparente realidad y el territorio virtual (como esta bitácora en la red en la que nos encontramos).
En las primeras semanas de 2014 que llevamos recorridas son muchas las relaciones, amistades reales y/o virtuales que retoman contacto a través de internet para saber qué tal te va y qué planes tienes para este nuevo año. Hasta ahí, todo bien, porque siendo (o figurando ser) criaturas gregarias, no hay nada peor que sentirse ignorado y relegado por la manada.
Sobre sentirse ignorado, comienzo por destacar una de las primeras películas que he visto este mes de enero: Inside Llewyn Davis (A propósito de Llewyn Davis) de Joel y Ethan Coen.
Algunas veces las sincronicidades están ahí mismo: escritas en un muro, sólo para ti.
Sincronicidad como la que experimenta Llewyn Davis en una secuencia de la película (incluida en este tráiler), que es una oda al auténtico perdedor, el cantante folk incomprendido que aparece en escena a destiempo, un poco antes que irrumpa en el Village neoyorkino: Robert Allen Zimmerman (un chico judío de clase media nacido en Minnesota, como los hermanos Coen) con su atractivo disfraz tridimensional de: poeta maldito, fotogénico vagabundo americano y proletario comprometido. Todo un cantautor (rebautizado con un nombre mucho más cercano: Bob, y un poético-maldito remate final por apellido: Dylan), dotado de un talento y una voz que al promotor de turno, como el que aparece en Inside Llewyn Davis (soberbia interpretación la de F. Murray Abraham) le tuvo que sonar a dinero, como a Fitzgerald la voz de Daisy en “El Gran Gatsby”.
Y es que con Bob Dylan, y en Bob Dylan, había para todos los gustos, algo y mucho de: Dylan Thomas, Arthur Rimbaud, Woody Guthrie, y Dave Van Ronk (cantante folk en el que está inspirado el protagonista de la película de los Coen, interpretado por el actor y músico de origen guatemalteco Oscar Isaac).
What are you doing? (¿Qué estás haciendo?). Buena pregunta para esta época del año de anhelos y propósitos encontrados. Propósitos (alguno de ellos) como los que abruman a nuestro antihéroe: Llewyn Davis.
Tanto si tienes dinero en la voz, como si no lo tienes, esta sincronicidad cinematográfica va por ti, porque si has dedicado unos minutos de tu vida a ver el tráiler, has escuchado la canción Fare Thee Well, y pese a ello, sigues leyendo estas líneas, es que: a lo mejor, tú también, andas buscando una pequeña señal del Universo.

Sobriedad

Se acabaron las fiestas y esa agridulce euforia colectiva basada en el exceso. Tras los empachos de la carnalidad y las sobredosis de frívola bondad, toca ahora deshacerse de inútiles envoltorios y abrir el mejor regalo que nadie puede hacernos: la sobriedad.
Desde la página 7 de nuestra propia historia, doy comienzo a la gran aventura vital llamada 2014 (2+0+1+4 = 7) (7+7 = 14). Y para iniciar esta nueva etapa, estoy pensando en estrenar una agenda azul repleta de días y noches, cuatro imponentes estaciones e innumerables posibilidades.
Algunas culturas afirman que la tinta invisible del destino ya tiene marcadas las fechas cruciales en las que perderemos a un ser querido, volveremos a enamorarnos y/o a ser amados, nos harán una interesante oferta laboral, y por supuesto: la fecha del adiós definitivo a nuestro ser temporal.
Doy gracias por estar hoy aquí y que tú estés ahí, y de corazón te deseo una buena siembra y cosecha para este 2014. Todo lo demás es infinita soledad y misterio.

Luna Nueva

Despierto del coma virtual para regresar a esta bitácora. Si hace un año escribía sobre otras Lunas y Kepler-47, esta noche os brindo el cielo mismo vestido de negro, ocultando a sus luminarias bajo el signo de Virgo.
lunanueva
Hoy es un buen día para visualizar ese “Cielo Protector” del que hablaba Paul Bowles, y dibujar el corto trayecto a recorrer hasta la próxima luna de la cosecha (Harvest Moon) que brillará sobre nuestro planeta, con todo su esplendor, el próximo día 19 de septiembre.
Todo aquello que fue sembrado a tiempo, en el lugar idóneo y en condiciones óptimas, ocupa ya su lugar en el Universo. Ahora sólo queda esperar que esta luna nueva sea el inicio de un ciclo de bonanza y que la luna de la cosecha recompense nuestros esfuerzos.

Coma virtual

En coma virtual, al otro lado del espejo, en el ámbito de la ficción, donde en ningún tiempo o hasta siempre conforman una misma realidad.

marmediterraneo


Si estuvieras aquí

Si estuvieras aquí, te preguntarías (y me preguntarías) por qué no escribo sobre todo aquello que hoy me aflige. No para regodearme en la tristeza, más bien para transmutar el dolor en algo abstracto, una mera impresión de lo que una vez fuimos.

miryam a los 4 años

Cuando te fuiste, el 5 de julio de 2008, tenías esta fotografía enmarcada sobre tu mesilla de noche. Esa niña, al igual que tú, ya no existe, sin embargo, todo mi ser la reclama para que mire al cielo una vez más y se fije en mi memoria como se fijó en la tuya.
Van pasando los años, un lustro ya, y yo sigo aquí, inmersa en una mañana de cielos azules donde revolotean los vencejos. Sentada en tu sillón, afino mi guitarra, y te dedico alguna de las canciones que cantábamos juntos. La música posee esa misteriosa cualidad de trastocar la energía e imbuirte en una especie de trance en el que todo es posible. Por un instante, mis ojos poseen esa hipnótica expresión infantil capaz de parar el mundo, y en el intento, proyecto la voluntad de verme en ti. Mis manos son tus manos, mi voz es tu voz, mi luz es tu luz. La prueba final es lograr que tu alegría llegue a ser mi alegría.
Si estuvieras aquí, hoy no estaría escribiendo, probablemente seguiría trabajando cual cigarra disfrazada de hormiguita y no sufriría los altibajos de esta existencia de “cigarrartista” a la deriva en un océano de incomprensión popular. Pero el destino es un misterio y del misterio extraigo la fuerza para seguir adelante.
Si estuvieras aquí te pediría consejo sobre lo que más me preocupa en este momento: la sensación de haber llegado al fin de un ciclo y no poder vislumbrar el inicio del próximo. Y en esta penumbra me detengo para decirte, que si estuvieras aquí, nada de lo que he realizado durante estos años, sería más gratificante para mí que volverte a ver, y saber de qué va todo ese asunto de pasar al otro plano, si merece la pena el esfuerzo que realizamos (de este lado) por mantenernos vivos, sanos y buenos.
Si estuvieras aquí te diría que te echo de menos, que la vida es mucho más triste sin ti, pero como eso ya lo sabes, si estuvieras aquí, me bebería unos tequilas contigo, y aprovechando la hondura de mi nuevo registro vocal, cantaríamos unas rancheras, tú, con tu prodigiosa voz de tenor “a lo Jorge Negrete”, y yo, con ese desgarro tan propio de este género que nos forjó a ambos, desde antes de mi llegada a este mundo. Ya desde entonces me reclamabas para compartir repertorio. Y es por eso que “nos fuimos” a vivir a México, por eso lloramos riendo, y por eso, algún día, volveremos a reír llorando.

Porque sí

 
Miryam 5 años
Pregunta a la niña escritora de 5 años que una vez fui: “¿Por qué escribes cuentos?”
Respuesta: Porque sí
Pregunta:  ¿Porque sí?
Respuesta: Porque sí ¿estás sordo?

Entre 34 y 55 en la sucesión Fibonacci

El matemático Leonardo Pisano, más conocido por Fibonacci, era hijo de un mercader con vínculos comerciales en diversos países al que llamaban Bonacci (de ahí el apodo de Fibonacci que viene de “figlio di Bonacci”, es decir: hijo de Bonacci).
Fibonacci

Leonardo Pisano “Fibonacci”

Nacido en Pisa en 1170, desde su más tierna infancia, Fibonacci estuvo familiarizado con el fascinante mundo de los números, ya que ayudaba a su padre con la contabilidad. Pero sobre todo, lo que marcó el destino del joven Leonardo, fue su estancia en el norte de África donde su padre trabajó por un tiempo, y donde tuvo ocasión de conocer el sistema de numeración árabe.
Años más tarde, ya en el siglo XIII, Fibonacci publicó su célebre “Liber abaci” (Libro del ábaco o del cálculo) que se convirtió en uno de los primeros libros sobre aritmética en describir los números arábigos a occidente.
Convencido de la superioridad y precisión del sistema numérico que manejaban los árabes (que provenía originalmente de India), desarrolló en aquel entonces lo que hoy conocemos por sucesión Fibonacci, que consiste en una sucesión numérica que comienza con el 0 y el 1, y a partir de estos números, cada siguiente elemento se obtendrá sumando los dos anteriores. Es decir: el tercer número sería de nuevo el 1, el cuarto número sería el 2, el quinto el 3, el sexto el 5, el séptimo el 8, y así hasta el infinito.
0, 1, 1, 2, 3, 5, 8…
Las aplicaciones de esta sucesión son usadas en computación, la teoría de los juegos de azar y también las encontramos, y esto es lo más apasionante, en la configuración de la propia naturaleza, desde las galaxias hasta las semillas de una margarita. ¿Pero cómo condiciona la sucesión de Fibonacci la vida del ser humano?
espiral
Existen diversas hipótesis, pero la más interesante de todas es la que lleva a cada individuo a medir sus propias pautas vitales al ritmo de esta significativa progresión numérica de tan sólo 13 números:
0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144…
Para aquellas personas que no miden el paso del tiempo de forma tradicional, el impacto que estos 13 primeros números de la sucesión Fibonacci producen a simple vista debe ser abrumador.
Hasta los 21 años, la vida parece trascurrir lentamente, y es a partir de los 34, concretamente entre los 34 y los 55, que todo comienza a intensificarse, la carga es más pesada y el tiempo fluye cada vez más deprisa. Todas estas cifras me sugieren una melodía que debo plasmar en una octava del piano (nuevamente Fibonacci: 5 teclas negras + 8 teclas blancas = 13).
octavapiano
Entre 34 y 55 de la sucesión Fibonacci se encuentra mi vida, entre 55 y 89 se cierne el destino, entre 89 y 144 ninguno de nosotros estará ya aquí, porque dudo que nadie hoy en día tenga una expectativa de vida que supere la cifra de 144.
Y al igual que nuestras vidas, nuestro mundo también parece tener su fecha de caducidad. Según el descubrimiento de los investigadores Schmidt, Riess y Perlmutter (descubrimiento que les valió el Nobel de Física de 2011), el Universo se expande a causa de una fuerza que la Ciencia no ha logrado aún comprender y a la que denominan “energía oscura”.
Schmidt, Riess y Perlmutter sostienen, al observar y medir el ritmo de expansión universal, que algún día, en un futuro muy lejano, el Universo desaparecerá para siempre.