Sobriedad

Se acabaron las fiestas y esa agridulce euforia colectiva basada en el exceso. Tras los empachos de la carnalidad y las sobredosis de frívola bondad, toca ahora deshacerse de inútiles envoltorios y abrir el mejor regalo que nadie puede hacernos: la sobriedad.
Desde la página 7 de nuestra propia historia, doy comienzo a la gran aventura vital llamada 2014 (2+0+1+4 = 7) (7+7 = 14). Y para iniciar esta nueva etapa, estoy pensando en estrenar una agenda azul repleta de días y noches, cuatro imponentes estaciones e innumerables posibilidades.
Algunas culturas afirman que la tinta invisible del destino ya tiene marcadas las fechas cruciales en las que perderemos a un ser querido, volveremos a enamorarnos y/o a ser amados, nos harán una interesante oferta laboral, y por supuesto: la fecha del adiós definitivo a nuestro ser temporal.
Doy gracias por estar hoy aquí y que tú estés ahí, y de corazón te deseo una buena siembra y cosecha para este 2014. Todo lo demás es infinita soledad y misterio.
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En camino a Turtle Island

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En camino a Turtle Island con F. David Peat

Un viaje sin fin hacia el conocimiento de los nativos americanos 
En camino a Turtle Island*  es una experiencia audiovisual inspirada en formas de percepción habituales entre los nativos americanos. Un mundo de sueños, visiones, arquetipos, mitos, símbolos. El documental narra el viaje del llegando al saber, que F. David Peat realiza a Nuevo México, para sentir el latido del “Renacimiento de Turtle Island”. Y a su regreso a la villa medieval de Pari, en la Toscana, donde reside con su familia, el viaje de Peat vuelve a comenzar en un constante fluir en tiempo y espacio. Porque una vez iniciada la aventura hacia el conocimiento, ya no hay vuelta atrás. Como el propio Peat admite: “Tu vida cambia para siempre”.
El doctor en física teórica, F. David Peat, amigo y colaborador del eminente físico cuántico y filósofo, David Bohm (al que Einstein describió como su hijo espiritual) es uno de los pensadores más estimulantes de nuestro tiempo y autor de más de una veintena de libros sobre ciencia.
*Los indios de Norte América se refieren a su continente como Turtle Island (Isla Tortuga).

La jaula de oro

Regreso de nuevo a este espacio de Huella-visual con  La jaula de oro, una sobrecogedora película de Diego Quemada-Díez, toda una declaración de intenciones ético-cinematográficas, que cuenta con un gran palmarés de premios y menciones especiales en su haber: al reparto completo, dentro de la sección “Una cierta mirada” en Cannes, al mejor director novel en Chicago, el de la crítica a la mejor película en Sao Paulo, y de ahí, hasta San Petersburgo, Tesalónica o Bombay.
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Cualquiera que ame el cine sabe que los premios y honores no bastan, y que una película con alma, una película que basa su estructura sobre los pilares de la verdad, es una criatura acorralada, como lo son los personajes de esta bella y desgarradora historia sobre El Viaje, el viaje con mayúsculas, como metáfora de la vida, y me atrevería a añadir: de la muerte y la resurrección.
Vi el preestreno de la película el martes pasado y ayer volví a reencontrarme con ella, y con su autor, el propio Quemada-Díez, cineasta burgalés emigrado a Estados Unidos (donde colaboró con Tony Scott, Fernando Meirelles,  Oliver Stone, Spike Lee…) y nacionalizado mexicano (desde donde se proyecta al mundo con esta nueva obra, su primer largo como director).
Tomando un café con él antes de la interesante Master Class a la que fui invitada, que organizó TAI, Márgenes y Golem, tuve ocasión de conocer, de primera mano, algunos de los resortes poético mecánicos que han propiciado semejante gesta. Y sí: gesta es levantar hoy en día una película de corte épico, dirigida por un novel e interpretada por actores no profesionales.
Diez años de lucha, de trabajo de campo y de espera, han llevado al cineasta a construir su historia, a través de imágenes, de poemas, de música, siguiendo las enseñanzas de Ken Loach, con el que aprendió una metodología de trabajo de acercamiento a la realidad: filmando por orden, secuencia tras secuencia, sin que los no-actores conozcan el guión, en localizaciones reales, usando luz natural, sin zooms, ni grúas, y con la atención puesta en la mirada de los personajes.
“Veo el cine como un espejo donde mirarnos colectivamente”, dice Quemada-Díez. “He intentado sumar verdades porque cuantas más verdades contenga una película, más verdadera será”. Al igual que Pasolini, es partidario de la evocación por encima de la representación. Y como influencia en su visión meca-mística del cine me entrega un texto de José Val del Omar donde el fallecido cineasta, inventor, y visionario granadino afirma que: “el técnico que vive lo mágico del cine, debe tener conciencia de su importante papel, debe tener conciencia de su responsabilidad. Sólo se puede coaccionar la libertad del espectador cuando existe un gran motivo poético”.
Consciente de su responsabilidad, y existiendo un gran motivo poético, Diego Quemada-Díez estrena hoy su película en Madrid. Me figuro que en otros lugares ya se ha estrenado o se va a estrenar (atentos lectores y lectoras del continente americano que siguen el blog).
Y antes de dejarles ya con el tráiler de “La jaula de oro” y sus imponentes no-actores: Brandon López (Juan), Rodolfo Domínguez (Chauk), Karen Martínez (Sara) y Carlos Chajón (Samuel), me gustaría resaltar una cita de Val del Omar en la que advierte que: “todo acto transcendente cuesta la vida de quien lo realiza”.
Diez años de la vida de Diego Quemada-Díez se condensan en esta jaula de oro. Toda una década para llegar hasta ese espectador universal que sumar al viaje de tres adolescentes de los barrios bajos de Guatemala que sueñan con llegar a los Estados Unidos, la patria del llamado “American Dream”. ¿Sueño? ¿Pesadilla? ¿Lúcida quimera? Los espectadores, como siempre, tienen la última palabra.


#microcuento15

libelula

Caballitos del Diablo

En el comienzo, hace unos 300 millones de años, nos llamaban ninfas: seres acuáticos que habitan en el entorno del arroyo, el estanque o en lo más profundo del río.  No podíamos imaginar que, algún día, nos veríamos forzados a emprender una nueva vida en el medio aéreo, provistos de fascinantes alas, con la desconcertante misión de madurar y buscar pareja.
“Es una emergencia”, informan a Exuvia, la ninfa de más edad, que viene a ser la portavoz de todos nosotros.
Así que aquí nos tienen, respirando el aire que ustedes respiran, dejando atrás nuestras mudas larvarias, volando hacia lo más profundo de sus almas.

#microcuento14

 

hiena

La sabiduría de la hiena

“La gente no me quiere y habla mal de mí”, dice el buitre a la hiena.
“Qué quieres que te diga. En esta vida, si te toca en suerte ser un bicho carroñero, tienes que echarle humor a la cosa. La sabiduría popular dice que quien ríe el último, ríe mejor”.
“¡Cómo te atreves a insultarme con estúpidos refranes! ¡Soy un buitre!”
“Eres un ave de mal agüero, amigo. Te tomas demasiado en serio y subestimas a los demás. La alegría favorece, rejuvenece, y además, es contagiosa”.
“¡Vaya  estupidez!  Reír sin ton, ni son, como una hiena bobalicona y refranera.
“Está bien, te regalaré algo de mi propia cosecha: reírse de uno mismo nunca pasa de moda”.

#microcuento13

La lógica del cocodrilo

 cocodrilos
“¡Un nuevo día!”, exclama el joven venado en su primera excursión al río.
“Sí, pero un día menos de vida sobre la Tierra”, contesta el cocodrilo aproximándose a la orilla.
“Pues unos colegas míos dicen que menos es más”.
“Tus colegas se equivocan. Cuanto más, mejor. Ven, acércate, y te demostraré por qué”.

Niños grandes

Alicia

 Niños grandes somos sólo, 

que comienzan a inquietarse…

Lewis Carroll, Alicia a través del espejo

Acabo de recibir una nota muy amable de una agente literaria ponderando la calidad de un cuento para niñ@s grandes que he escrito este año, pero señalándome que va destinado a un público indefinido. Es decir, que está a caballo (lo cual no deja de ser bastante significativo, ya que los caballos ocupan un lugar primordial en la trama de la historia) entre el mundo adulto y el juvenil, por lo que, según me indica, resulta muy difícil encontrar una colección en la que pueda encajar.
Como escritora que ha sido representada por un par de agencias literarias prestigiosas con las que mantengo una buena relación tras nuestra ruptura, me pregunto cuándo va llegar el día en que conozca a ese editor/a al que “le pongan” los desafíos y no tema enfrentarse con el “temible público indefinido” al que parezco dirigirme, y que pida a sus especialistas en mercadotecnia que se saquen un nuevo concepto de la manga. Si todo está tan bien “encajado”, catalogado y estudiado ya no hay lugar para “Peter Panes”, y mucho menos, para cuánticas “Alicias en Países de Maravilla o tras los espejos”.
Y ahora os pregunto, ávidos lectores y lectoras: ¿creéis que una historia para niños “catalogados” de hoy en día, arrancaría con un prólogo de su autor como el que podemos encontrar en Alicia a través del espejo?
Si no habéis tenido ocasión de leer esta joya para niñ@s grandes de todos los tiempos y lugares, os diré que el matemático inglés Charles Lutwidge Dodgson, inmortalizado en la historia de la literatura como Lewis Carroll, comienza asumiendo que sus lectores saben jugar al ajedrez, y por tanto, plantea una partida que describe en la página siguiente admitiendo, y esto es lo mejor: “que ha desorientado a más de un lector”. ¡Genial! ¿Qué editorial actual osaría desorientar a sus lectores, mejor dicho: a los padres de sus lectores que son quienes compran los libros? Y manteniendo el tono didáctico, e insistiendo en que todo está “correctamente estudiado”, Carroll se atreve a desafiar nuevamente al lector a que se tome la molestia de realizar dichas jugadas sobre el tablero y lo compruebe por sí mismo. Pero ahí no acaba la cosa. Entre el prólogo, y el primer capítulo, incluye un largo poema del que comparto estos últimos versos:

Y, aunque al leer esta historia,

algún suspiro deslices,

porque huyeron “los felices

días del verano” ya,

y, aunque su esplendor

glorioso ya se haya desvanecido,

con su soplo dolorido

al cuento no rozará.

Wow! Diría un niño grande de hoy. “Al cuento no rozará”. Esto es literatura, lo demás, no sé bien qué es. Imagino que entre los miles de libros infantiles y juveniles que se publican, debe haber alguna futura obra maestra que perdure en el tiempo.
Salvando la inmensa distancia que separa mi cuento para niñ@s grandes de un clásico como “Alicia a través del espejo”, estoy en mi derecho de reivindicar mi indefinición, de vivir y escribir a caballo entre el mundo adulto y el juvenil, de ser mujer y a la vez “Peter Pan”, de pensar como “Alicia” y soñar con publicar algún día algo que no “encaje” con el orden establecido por rígidas estructuras editoriales.

Yo estuve aquí

Escribir no te dará para vivir, te hará vivir.
Si aún no has dado el primer paso y te debates a solas con los demonios de la creatividad reprimida, presta oídos a uno de los grandes: William Faulkner, él siempre acierta poner en su lugar al narrador que llevamos dentro.
Aunque hace años que su persona desapareció de este plano material en el que nos encontramos, su obra permanece, al igual que esos atisbos de pura genialidad que emanan de sus pensamientos.
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“No te molestes en ser mejor que tus contemporáneos o predecesores, intenta ser mejor que tú mismo” – William Faulkner

En su escala de valores sobre literatura ponderaba, ante todo, la poesía: “soy un poeta fallido. Tal vez todo novelista quiere escribir poesía primero, descubre que no puede, y a continuación intenta el relato, que es el género más exigente después de la poesía. Y, al fracasar también en eso, sólo entonces, se pone a escribir novelas”.  Sobre su obra y la de sus coetáneos afirmaba: “Ninguno de nosotros logró realizar su sueño de perfección, así que hay que juzgarnos en base a nuestro espléndido fracaso en la realización de lo imposible”.
Desde que aparecieron los contenedores virtuales, blogs y redes sociales donde poder publicar textos de forma directa y escueta, millones de personas comparten a diario toda clase de escritos: citas, poemas o micro-cuentos, tanto propios, como ajenos. Así que podríamos decir que la “literatura breve” está en boga, sin embargo, sigue sin ser valorada como se merece por la mayor parte de los críticos y editores que siguen confabulándose en catalogar al relato como “género menor”.
Hace unos días (tras la concesión del premio Nobel de literatura a Alice Munro, escritora canadiense muy destacada por su narrativa breve) escribí en una red social que la grandeza de un escritor no se mide por el número de palabras que escribe. Y lo reitero en esta bitácora y en cualquier otro soporte en el que se me permita hacerlo.
William Faulkner decía que para ser escritor se necesitan tres cosas: “experiencia, observación e imaginación”. En el caso de un novelista, la experiencia se convierte en un nutrido archivo de donde extraer todo tipo de referencias vitales con las que crear su mundo de ficción. Pero no creo que la experiencia sea un componente crucial en la poesía o la narrativa breve. Como sucede en el ámbito de la física teórica, las mentes preclaras de la ciencia son más dúctiles, audaces e intuitivas en la juventud que en la madurez. Tanto el poeta como el cuentista beben de las fuentes de la intuición y extraen de sus múltiples percepciones la esencia misma de aquello que sienten u observan.
Para Faulkner la finalidad del artista consistía en “detener el movimiento, que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo con la suerte de que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de que es vida”.
Visualizar semejante pensamiento, hoy en día, es detener el mundo por unos segundos, minutos, horas, o el tiempo que el lector o lectora decida permanecer en el Universo paralelo propuesto por alguien a quien nunca conoció. Alguien, como William Faulkner, y escuchar de sus propios labios: “esa es la manera que tiene el artista de escribir Yo estuve aquí en el muro de la desaparición final e irrevocable que algún día tendrá que sufrir”.
Hoy estuve aquí, intentando como siempre ser mejor que yo misma y asumiendo “el esplendido fracaso en la realización de lo imposible”, gracias a Faulkner, y a ti, que hoy también llegaste, por unos instantes de tu vida, hasta aquí para leer (con suerte recordar, tal vez, olvidar) que yo estuve aquí.

Luna Nueva

Despierto del coma virtual para regresar a esta bitácora. Si hace un año escribía sobre otras Lunas y Kepler-47, esta noche os brindo el cielo mismo vestido de negro, ocultando a sus luminarias bajo el signo de Virgo.
lunanueva
Hoy es un buen día para visualizar ese “Cielo Protector” del que hablaba Paul Bowles, y dibujar el corto trayecto a recorrer hasta la próxima luna de la cosecha (Harvest Moon) que brillará sobre nuestro planeta, con todo su esplendor, el próximo día 19 de septiembre.
Todo aquello que fue sembrado a tiempo, en el lugar idóneo y en condiciones óptimas, ocupa ya su lugar en el Universo. Ahora sólo queda esperar que esta luna nueva sea el inicio de un ciclo de bonanza y que la luna de la cosecha recompense nuestros esfuerzos.

Coma virtual

En coma virtual, al otro lado del espejo, en el ámbito de la ficción, donde en ningún tiempo o hasta siempre conforman una misma realidad.

marmediterraneo


Si estuvieras aquí

Si estuvieras aquí, te preguntarías (y me preguntarías) por qué no escribo sobre todo aquello que hoy me aflige. No para regodearme en la tristeza, más bien para transmutar el dolor en algo abstracto, una mera impresión de lo que una vez fuimos.

miryam a los 4 años

Cuando te fuiste, el 5 de julio de 2008, tenías esta fotografía enmarcada sobre tu mesilla de noche. Esa niña, al igual que tú, ya no existe, sin embargo, todo mi ser la reclama para que mire al cielo una vez más y se fije en mi memoria como se fijó en la tuya.
Van pasando los años, un lustro ya, y yo sigo aquí, inmersa en una mañana de cielos azules donde revolotean los vencejos. Sentada en tu sillón, afino mi guitarra, y te dedico alguna de las canciones que cantábamos juntos. La música posee esa misteriosa cualidad de trastocar la energía e imbuirte en una especie de trance en el que todo es posible. Por un instante, mis ojos poseen esa hipnótica expresión infantil capaz de parar el mundo, y en el intento, proyecto la voluntad de verme en ti. Mis manos son tus manos, mi voz es tu voz, mi luz es tu luz. La prueba final es lograr que tu alegría llegue a ser mi alegría.
Si estuvieras aquí, hoy no estaría escribiendo, probablemente seguiría trabajando cual cigarra disfrazada de hormiguita y no sufriría los altibajos de esta existencia de “cigarrartista” a la deriva en un océano de incomprensión popular. Pero el destino es un misterio y del misterio extraigo la fuerza para seguir adelante.
Si estuvieras aquí te pediría consejo sobre lo que más me preocupa en este momento: la sensación de haber llegado al fin de un ciclo y no poder vislumbrar el inicio del próximo. Y en esta penumbra me detengo para decirte, que si estuvieras aquí, nada de lo que he realizado durante estos años, sería más gratificante para mí que volverte a ver, y saber de qué va todo ese asunto de pasar al otro plano, si merece la pena el esfuerzo que realizamos (de este lado) por mantenernos vivos, sanos y buenos.
Si estuvieras aquí te diría que te echo de menos, que la vida es mucho más triste sin ti, pero como eso ya lo sabes, si estuvieras aquí, me bebería unos tequilas contigo, y aprovechando la hondura de mi nuevo registro vocal, cantaríamos unas rancheras, tú, con tu prodigiosa voz de tenor “a lo Jorge Negrete”, y yo, con ese desgarro tan propio de este género que nos forjó a ambos, desde antes de mi llegada a este mundo. Ya desde entonces me reclamabas para compartir repertorio. Y es por eso que “nos fuimos” a vivir a México, por eso lloramos riendo, y por eso, algún día, volveremos a reír llorando.

#microcuento12

ENCRUCIJADAS

 

Todo cambia cuando cumples esa edad en la que tu futuro es más joven que tu pasado.

Uno de esos libros

Hace algunos días Página Trece publicó, en su nueva sección de notas de prensa, algunos comentarios que lectores y lectoras han ido dejando en su web sobre la novela “Un faro sin mar”.
Estas son las opiniones seleccionadas por la web literaria:
“Fascinante, lo leí tan sólo en dos noches”
“Es uno de esos libros que volveré a leer, seguro”
 “Una novela original y diferente a todas, con una prosa llena de sentimientos. Muy bien escrita. Frases profundas y poéticas. Dura y marginal en muchas ocasiones. Me ha gustado mucho…”

libro en Visor B & N

Pulsar la reacción de los lectores es algo complejo. Máxime cuando tu capacidad de llegar a ellos no la determinan campañas promocionales, premios de renombre o el respaldo de una gran editorial, sino una serie de conexiones aleatorias virtuales, y no virtuales, muy similares al propio argumento de la novela.
Así pues, que alguien tras la lectura de “Un faro sin mar” afirme que es “uno de esos libros” que volverá a leer, es algo insuperable.
Siempre he deseado poder escribir “uno de esos libros” que a mí me gustaría leer más de una vez. Una novela con diferentes lecturas cuya simbología, cual espejismo, proporcionase alivio temporal a la inmensa soledad de estar confinados a una sola vida.
Mi agradecimiento a Página Trece y a esas aves de paso que anidan por un tiempo en mi nido-obra, fantasmagóricas recreaciones todas del perfecto lector de “uno de esos libros” que espero poder volver a escribir.