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Boyhood

Bajo la premisa de haber sido filmada a lo largo de 12 años, y utilizando a los mismos actores como punto de partida, arranca esta hipnótica fábula de Richard Linklater sobre el universo texano de un niño llamado Mason, al que en los próximos 165 minutos de duración de “Boyhood” veremos transformarse en otros muchos Mason. Una experiencia visual insólita por el realismo que transmite al espectador.
BOYHOOD promotional poster
Web oficial de la película en español 
El camaleónico (niño-adolescente-joven) actor Ellar Coltrane, secuencia a secuencia, va conformando su personaje desde los 6 a los 18 años, en un proyecto de hombre futuro al que percibimos en todo su candor como un ser dotado de una sensibilidad, que difícilmente augura un final abiertamente feliz-infeliz; aunque, tal vez, tenga una oportunidad. Y ese tal vez, es lo que me mantuvo conectada a la trama, disfrutando de las mutaciones corales de los actores principales, tanto de Ethan Hawke, como de Patricia Arquette, y el de la niña-adolescente-joven Lorelei Linklater, en sus personajes de padre + madre + hermana mayor de Mason. Un verdadero triángulo de las Bermudas para el navegador interno de cualquier niño-adolescente-joven de clase media en plena tormenta hormonal.
“Boyhood” es una de las pocas películas que me gustaría ver otra vez desde el final al principio, volver de nuevo a esa primera imagen de Mason, acostado sobre la hierba, viendo las nubes pasar, esas nubes que fluyen como la vida misma, cambiando de forma, a veces tan lentamente que se precisa de tiempo para percatarnos del cambio, y en otras ocasiones, desdibujando la realidad que conocemos en un abrir y cerrar de ojos.
Una película muy recomendable para (eternos) adolescentes europeos, a los estadounidenses les está vetada con la gran R por aquello de contener algo de sexo y un ligero y timorato consumo de alcohol y cannabis. Eso sí, a los 15 años Mason recibe un rifle y una biblia con las palabras de Jesucristo resaltadas a todo color. Sólo por eso, deberían bajar la guardia en USA y permitir a los sufridos visionario-productores de esta cinta (¡benditos sean por su total fe en un proyecto que, sobre papel, es un total disparate por los numerables riesgos que entraña!) disfrutar de los beneficios económicos que bien merecen por apostar por un CINE con mayúsculas, al igual que de los múltiples reconocimientos que la película está teniendo y tendrá.
 
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