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En el océano virtual

 

Huella-libro isla

Dentro de este contenedor de cristal se encuentra un mensaje que bien podría estar conformado por mil palabras. Lo he escrito para ti, que desde hace tiempo, esperas algún tipo de señal del Universo para aventurarte literariamente a navegar (sin miedo y sin rumbo) por la Red.
mensajenbotella
Pero como cuentan que una imagen vale más que todo aquello que puedas lanzar al océano virtual, elijo el recurso del náufrago, ese al que llaman: “lo último que se pierde”, antes de que mi literaria mente claudique y se entregue al no-tiempo, y mientras escucho a las aves parlanchinas de “Island”, el libro-isla de Aldous Huxley, desgañitarse con sus “Attention! Karuna, karuna” (que vendría a significar, aquí y ahora: Mantén la atención! Ten compasión, ten compasión).
Island

La isla, Aldous Huxley

De hecho, con menos de 140 caracteres, podría hoy en día alcanzar los confines del mundo que tú habitas para encontrarte de nuevo oteando el horizonte, urdiendo a todas horas el modo más rápido y seguro de llegar a buen puerto.
Como simbólico mensaje de optimismo, sólo pretendo dar tregua a esa incesante deriva lectora que te trajo desde un faro-libro (sin mar) hasta mi costa. Y, aunque, al igual que la mayor parte de los náufragos virtuales, me dedico a observar ciclos de luna y mareas desde una isla-computarizada, y no sé qué entiendes por “llegar a buen puerto”, te cedo todas las aves parlanchinas, junto al gesto de enviar un auténtico mensaje en una botella, y también un libro-isla, por si, antes de volver a proyectarte hacia tu anhelado destino, decides hacer escala en el único “puerto” en el que podemos encontrarnos: este preciso (y precioso) momento.
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Uno de esos libros

Hace algunos días Página Trece publicó, en su nueva sección de notas de prensa, algunos comentarios que lectores y lectoras han ido dejando en su web sobre la novela “Un faro sin mar”.
Estas son las opiniones seleccionadas por la web literaria:
“Fascinante, lo leí tan sólo en dos noches”
“Es uno de esos libros que volveré a leer, seguro”
 “Una novela original y diferente a todas, con una prosa llena de sentimientos. Muy bien escrita. Frases profundas y poéticas. Dura y marginal en muchas ocasiones. Me ha gustado mucho…”

libro en Visor B & N

Pulsar la reacción de los lectores es algo complejo. Máxime cuando tu capacidad de llegar a ellos no la determinan campañas promocionales, premios de renombre o el respaldo de una gran editorial, sino una serie de conexiones aleatorias virtuales, y no virtuales, muy similares al propio argumento de la novela.
Así pues, que alguien tras la lectura de “Un faro sin mar” afirme que es “uno de esos libros” que volverá a leer, es algo insuperable.
Siempre he deseado poder escribir “uno de esos libros” que a mí me gustaría leer más de una vez. Una novela con diferentes lecturas cuya simbología, cual espejismo, proporcionase alivio temporal a la inmensa soledad de estar confinados a una sola vida.
Mi agradecimiento a Página Trece y a esas aves de paso que anidan por un tiempo en mi nido-obra, fantasmagóricas recreaciones todas del perfecto lector de “uno de esos libros” que espero poder volver a escribir.

Salamanca pretérita

Hay ciudades que cual virus informático desprograman tu destino. En mi caso particular, y en el de algunos de mis personajes, esa inquietante urbe capaz de trastocar mi suerte es Salamanca.
mapasalamanca
Si en la novela “Un faro sin mar” adjudiqué a Edgardo Ángeles un supuesto origen salmantino fue para situarlo en el Puente Romano, caminando bajo la nieve, y para poder oírlo hablar con ese acento ligeramente cortante y solemne que a todos los Mediterráneos nos parece “tan castellano”. Pero sobre todo, para que transmitiese su fascinación hacia esa energía que irradia Salamanca, tan fina y hermosa, que hasta duele mirarla. Sólo algunos lugares de América del Norte, y en especial de México, son capaces de producirme una sensación de paramnesia tan potente como la que me produce Salamanca. Y tal vez por ello (caigo ahora en la cuenta), trasladé a otro de los personajes del libro, apodado “El Cometa”, una fijación premonitoria hacia Banff, Canadá. Uno de los enclaves geográficos más “virales” con los que el sino de mis criaturas de ficción (y yo misma) nos hemos topado por esos mundos lejanos.
Es probable que la simple lectura de estas líneas traiga a su memoria el recuerdo de su ciudad pretérita, ese particular entorno que afecta el modo en que percibe la realidad, ese lugar (desvinculado por completo de sus gentes y sus costumbres actuales) cuyo aliento parece incitarles, acariciarles, donde el tiempo se ralentiza y fluye al compás de un intrínseco abandono. He ahí la señal: esa especie de hipnótica laxitud que, cual hito en nuestro deambular por esta vida, señala el comienzo de un verdadero romance. Porque así es como se presenta la corazonada (que no es más que un ardid), como una sincronía perfecta que alienta el reencuentro con el misterio.
Mi amigo, el físico teórico David Peat, me contó hace años que ningún alquimista podía trabajar sin un contenedor, y Salamanca es exactamente eso: un contenedor alquímico.
En “Un faro sin mar” Edgardo Ángeles parece estar en sintonía cuando escribe al ave de paso: “Sé que la imagen de una pirámide subyuga tu atención del mismo modo que mis pasos son atraídos por la Plaza Mayor de Salamanca. Por eso te escribo desde este lugar: el corazón de una ciudad que nunca existió para los dos, y que sin embargo, nos acerca”.
Dicen que todos los caminos llevan a Roma, pero… ¿a qué Roma/amoR? ¿A la capital de Italia o a Roma la chica? Es decir: a Salamanca. Mis pasos son atraídos de nuevo hacia el mítico territorio de mis propias fantasías, a más de 800 metros sobre el nivel del mar, la altura adecuada para conformar un buen nido de ficción.
Tal vez me aleje por un tiempo de estos lares virtuales, y aunque me aguardan algunas encrucijadas, seguiré escribiendo, y confío que a mi regreso a esta bitácora, pueda compartir con mi gente algún que otro cuento.

Libros desfibriladores

Con esta suerte de premisa inicié hace ya casi una década la estructura de una historia, que con el paso de los años, se ha convertido en una novela llamada Un faro sin mar: un libro eficaz es como un desfibrilador, si el choque eléctrico llega a tiempo, puede salvar vidas.
Lectores Un faro sin mar
Cuando un cúmulo de ideas y personajes se empecinan en atraerte hacia un mundo paralelo donde experimentar otras vivencias, no queda de otra que ponerse a escribir. Porque el limbo en el que habitan las almas literarias es como un sótano plagado de sombras, y aunque los resultados de traerlas a la luz sean impredecibles, es una noble tarea intentarlo. Para ellas es cuestión de vida o muerte, y no van a cejar de acecharte hasta que halles la historia apropiada en la que puedan, al igual que nosotros en este plano, evolucionar y realizarse.
Pero ¿qué pasaría –me pregunté-, si de pronto, osase desafiar a los fantasmas que pueblan día y noche mi imaginación, llevándoles a una biblioteca pública, y sugiriese, a cada uno de ellos, un listado de libros que les ayudase a encauzar su angustia vital y su creatividad hasta el punto de plantearse escribir una novela coral?
Así que mucho antes de definir el carácter y la esencia de los personajes de Un faro sin mar, en mi papel de ávida lectora, había estado engullendo cientos de libros de la Biblioteca Acuña; variopintas historias que fueron conformando un contenedor literario en el que albergar mi lado más femenino al dar vida a  Dulce, mi recreación de algunos aspectos turbios de la virilidad, como los desvaríos de Chucho, o la violencia juvenil del Cometa, hasta el resurgir del Ave de Paso: la inspiración, para rescatar con Ella de sus cenizas a ese Fénix de  mediana edad que se oculta bajo el pseudónimo de Edgardo.
Porque a fin de cuentas, al emprender la aventura de escribir una novela, eres todos y ninguno de tus personajes, y al igual que ellos, aunque sea de un modo inconsciente, también buscas tu propia redención como autora.
Y si bien sabemos que un libro adecuado es todo lo que necesita nuestro corazón para latir en la frecuencia de la obra, a veces nos cuesta creer que sintonizar con dicha frecuencia nos convierte, no sólo en lectores, sino también en escritores, y que junto a su autor o su autora, somos capaces de crear una realidad aparte en la que únicamente cabemos los dos.
Si el choque eléctrico de Un faro sin mar revitaliza en algo tus ansias lectoras, o si de pronto sientes unas irrefrenables ganas de ponerte a escribir, entonces,  y sólo entonces,  podrás aceptar que has contribuido a salvar una vida.

En la Librería

Un faro sin mar llegó a la Librería Visor de Madrid (ubicada bajo el faro de Moncloa) ayer sábado día 15 de diciembre de 2012.

La “transmigración” de un momento irrepetible en unas pocas imágenes …


Visor Libros

Hace unos meses anunciaba en el blog la llegada de Un faro sin mar a la Biblioteca Pública José Acuña, lugar donde transcurre una buena parte de la historia.

Ver el libro en el estante de “su biblioteca”, entre las obras de J.D. Salinger y Jonathan Swift, desató en mí todo tipo de sensaciones encontradas que oscilaron entre el rubor y el asombro.

Pero la Biblioteca Acuña es un enclave mítico en la trama de mi propia vida (como lo es también para los personajes de la novela), y como acto simbólico, era preciso captar las imágenes de ese momento irrepetible, en el que una modesta ópera prima, se abría paso entre tantos autores consagrados.

Ahora le toca el turno a una librería especial: Visor Libros, una librería que se encuentra bajo “un faro sin mar”, o lo que es lo mismo: bajo el faro de Moncloa, en el corazón del barrio universitario de Madrid. La dirige uno de los editores de poesía más emblemáticos y prestigiosos: Chus Visor, y cuenta con un equipo de estupendos colaboradores siempre dispuestos a encontrar cualquier libro que andes buscando.

En la página 58 de Un faro sin mar, Edgardo Ángeles se acerca a ver el escaparate de la librería. Un acto que debo de haber repetido miles de veces a lo largo de varias décadas.

Me aficioné y terminé convirtiéndome en adicta al impacto poético leyendo libros publicados por la colección VISOR de poesía, a comienzos de la adolescencia, antes de irme a vivir a América.

 Colección VISOR de Poesía

Los dos libros más antiguos de mi colección VISOR de poesía

Así que hoy, que recibo de Chus Visor una reseña tras la lectura de Un faro sin mar, siento una emoción profunda, sin paliativos, una emoción que avalan mis años de lectora.

“Dentro de los cientos de libros que se editan, a pesar de la crisis que nos invade, es importante resaltar a Miryam Servet que con su primera novela “Un faro sin mar”, en su debut literario, muestra sus grandes dotes de narradora. Una promesa que pronto se hará una agradable realidad”.  Chus Visor

Me hubiese gustado que Visor publicase novelas porque no hay editorial más próxima a Un faro sin mar, ni librería más idónea para adquirir el libro, que Visor Libros. Al mismo tiempo que contemplas sus escaparates repletos de novedades, puedes mirar de soslayo el faro que ilumina a todos los náufragos urbanos (reales y ficticios) que pueblan nuestra singular historia.


Imágenes y palabras

FaroMoncloa5 ©MiryamServet

Bajo un faro sin mar, en el barrio Universitario de la Ciudad de Madrid, cuatro autores cuyas vidas están a punto de dar un salto a otra década, la de los: 20, 30, 40 y 50 años, encuentran una serie de mensajes crípticos entre las páginas de ciertos libros de la biblioteca pública. Un entramado de conexiones fortuitas aúna finalmente a los dispares personajes, que guiados desde la sombra por una intrigante mujer, deciden dar respuesta a las misivas escribiendo una novela coral titulada: Un faro sin mar. Observa bien los cuatro puntos de vista y pregúntate si es eso todo lo que ves.


Reseñas y opiniones

Comienzan a llegarme las primeras reseñas y opiniones de diversas fuentes tras la lectura de “Un faro sin mar”. Para aquellas personas que aún tienen pendiente leer el libro, espero que os animen a leerlo. Y para todos los que en estos momentos lo estáis leyendo, os animo a compartir con otros lectores vuestras impresiones en la página NARRATIVA de este blog, o cualquier otra web donde aparece la novela: Casa del Libro, Fnac, El Corte Inglés, Página Trece

Reseñas:
“Trepidante y enigmática novela que deleitará a los amantes de la literatura capaces de dejarse llevar por el delicioso verbo de Miryam Servet hasta los recovecos del alma humana. Con ella el destino es lo de menos, lo que importa es el viaje y el placer de vibrar con esa red, aparentemente compleja, de metáforas sugerentes que confluyen con una simpleza tan inquietante como la vida misma”.

Mercedes Gallego, premio Ortega y Gasset de Periodismo, corresponsal de El Correo en Nueva York y autora de “Más Allá de la batalla” (Temas de Hoy).

“…Un Faro sin Mar es una pequeña joya engarzada en una cadena fina y delicada que recomiendo leer y disfrutar…” 

 Página Trece, web literaria.

Opiniones de lectores:
“Una novela original y diferente a todas, con una prosa llena de sentimientos. Muy bien escrita. Frases profundas y poéticas. Dura y marginal en muchas ocasiones. Me ha gustado mucho…”
“Fascinante, lo leí tan sólo en dos noches”
“Es uno de esos libros que volveré a leer, seguro”

Frases de libro

Hace unos días, la web literaria Página Trece, especializada en Book Trailers, reseñas y entrevistas, me solicitó un listado de frases de “Un faro sin mar” para una nueva sección llamada “Frases de libro”.
 
Con esta loable iniciativa, Página Trece pretende reflejar el espíritu de una obra a través de 10 frases seleccionadas por los propios autores.
Las primeras reacciones ante las “Frases de libro” en cuestión no se han hecho esperar, y he recibido sugerencias de otras frases que a varios lectores y lectoras les gustaban más y que no aparecen en este listado.
Todo desafío entraña un riesgo pero también una responsabilidad, y sintetizar alma y prosa de “Un faro sin mar” en varias frases, en mi caso particular, es más complejo que si me pidiesen hacerlo con una sola.
Para ser justa con los personajes de esta novela coral, he procurado que todos tuviesen una oportunidad de poder expresar lo que llevan dentro.
Si yo tuviese que elegir una frase para transmitir lo que como autora llevaba dentro al escribir la novela, elegiría  ̶ como he elegido ̶ la primera frase. Pero para concentrar el espíritu del libro en una sola, elegiría la tercera.
Listado completo de 10 “Frases de libro” en Página Trece.
 

Atrapasueños

Un atrapasueños es un objeto que hoy en día se puede adquirir en mercadillos de un buen número de países del mundo. Si preguntas a cualquiera que tenga uno de estos fetiches en su casa, especialmente junto a la cabecera de su cama, su mesa de trabajo, o colgado del espejo retrovisor de su automóvil, es probable que te diga que es un talismán creado por los indios americanos para espantar el mal fario y los malos sueños.
Fabricados en China en su gran mayoría, los atrapasueños o cazadores de sueños que se comercializan a escala masiva, son amuletos descontextualizados y carentes de la energía apropiada, y por tanto, de poder alguno sobre los sueños que cada noche nos acechan: tanto los buenos, como los malos.
Cuenta la leyenda de la Nación de los Ojibwa, que en tiempos muy lejanos, cuando los clanes habitaban una zona de lo que ellos llamaban (y siguen llamando) Turtle Island,  Asibikaashi (la Mujer Araña), la deidad femenina y madre del pueblo Ojibwa, ayudó a Wanabozhoo (el Gran Espíritu) a conseguir atraer el sol para la gente de estas tierras. En su tela de araña, Asibikaashi, capturaba los malos sueños de cada noche, hasta el nuevo amanecer.
En México, el atrapasueños, se relaciona con el pueblo Maya, aunque dudo que cualquier estudioso de las culturas precolombinas de crédito alguno a esta suposición. Como sucede en el resto del mundo, el actual cazador de sueños, no es otra cosa más que un artilugio popular al que se le atribuyen “bien intencionadas” cualidades.
Todos somos, de algún modo, cazadores de sueños, con o sin amuletos que nos protejan en nuestras incursiones en territorio onírico. Los más proclives a la ensoñación, nocturna o diurna, poseen además la virtud de recordar y fijar un verdadero archivo de sus correrías por los hilos que conforman la red de Asibikaashi. Posiblemente, la figura simbólica de la Mujer Araña, sea algo perturbadora para un educado ciudadano medio occidental, y debería mejor buscar un substituto científico más próximo a la teoría de cuerdas. Aunque tratándose de sueños, todo es posible, nada es inalcanzable.
En apenas unos pocos meses se han hecho realidad algunos de mis sueños. El primero de todos: publicar “Un faro sin mar” en libertad total, sin esos “bien intencionados” correctores de estilo, consejos editoriales, sugerencias del departamento de marketing, y otras extrañas energías. Acabé el borrador en 2004, y dejé que la barrica del tiempo procesara todo ese galimatías de puntos de vista y personajes, dándoles un plazo de unos cuatro años para que se arreglasen entre ellos. Pero 2008 no fue un año para adentrarme en la revisión de un manuscrito en reposo, y no fue hasta 2010 cuando la novela se convirtió en el libro que es ahora.
Mi segundo sueño era poder identificar claramente al primer lector o lectora oficial de “Un faro sin mar”. Cierto es que hasta llegar a convertirse en libro, varias decenas de personas ya habían leído el manuscrito. Pero en mi mente yo siempre tenía la imagen de un extraño. Alguien que sería capaz de conectarse a la red de Asibikaashi, que hoy en día también circula por Internet, y llegar hasta la energía que desprende la historia de forma directa. Esta sería la persona indicada. Un ser ajeno por completo a mi vida y milagros. Sin ningún tipo de interés personal, profesional o sentimental en mi persona. Y este sueño también se ha cumplido.
Mi tercer sueño era que “Un faro sin mar” estuviese en los estantes de la Biblioteca Pública José Acuña, y que buscadores de historias al azar, como yo lo he sido siempre, encontrasen un día el libro en la misma biblioteca donde mis personajes deciden escribir una novela coral que responda a las misivas que hallan entre las páginas de algunos libros allí albergados. Al igual que yo había descubierto, a lo largo de los años, tantos y tantos libros de escritores desconocidos que parecían estar conectados a un hilo más fino de perfecta y armoniosa simplicidad. Libros que convirtieron a sus autores y autoras, en mis “cuates del alma”.

Y el cuarto sueño está por cumplirse. En este sueño voy viajando por Madrid en metro o en autobús, o bien camino por el parque, y frente a mí, de pronto, irrumpiendo del total anonimato está él o ella, joven o no tan joven, con un libro abierto entre las manos. El corazón me da un vuelco ante el primer lector o  lectora oficial que voluntariamente ha decidido adquirir o pedir prestado “Un faro sin mar” para leerlo.

Ficción y realidad

Ficción y realidad cohabitan en “Un faro sin mar”,  y en este audiovisual de la llegada del libro a la Biblioteca Pública José Acuña de Madrid.


En la biblioteca!

La Biblioteca José Acuña de Madrid ya tiene “su libro”. Convertida en lugar de culto en “Un faro sin mar”, la biblioteca cuenta ya en sus estantes con la novela. No hay otro lugar más apropiado para acercarse a conocer esta enigmática historia sobre la creación literaria cuyo pulso vital late a un ritmo indefinido entre el suspense y la intriga.


Reseña

 

 Reseña realizada por Página Trece Book Trailers:

Reseña de “Un Faro Sin Mar” de Miryam Servet.
vía Reseña de “Un Faro Sin Mar” de Miryam Servet.